Hablemos de algo que quizás todos hemos vivido pero que se ha convertido en tabú dentro de las conversaciones entre profesionales. Casi todos hemos tenido un trabajo, contrato o colaboración que no terminó bien. Un despido, una salida forzada, un jefe imposible que te hizo renunciar antes de tiempo. Y además de vivir una experiencia difícil, ahora tienes que lidiar con cómo contarla frente a potenciales nuevos empleadores u otras oportunidades.
Por qué tiene tanto peso en la decisión de ser contratado
Un estudio publicado en el Canadian Journal of Administrative Sciences (Cusin, 2020) analizó específicamente cómo los reclutadores evalúan a candidatos que tienen que explicar un fracaso profesional. El estudio comparó tres formas de manejar la conversación: una táctica defensiva basada en excusas, una defensiva basada en justificación, y una tercera más asertiva, y encontró que los reclutadores estaban mucho más dispuestos a contratar cuando el candidato lograba convertir la experiencia difícil en un elemento de autovaloración, es decir, en aprendizaje real, no en excusa ni en justificación técnica.
Nadie te está juzgando por haber tenido un mal trabajo, eso nos pasa a todos, incluida yo. Lo que sí evalúan las personas que te están entrevistando es cómo hablas del conflicto. Y aquí está el detalle que puede costarte la oportunidad laboral: si tu respuesta es demasiado vaga, suena a resentimiento o eres despectivo no importa qué tan buena haya sido el resto de la entrevista. Eso es lo único que se queda en su cabeza al final.
Mi opinión personal como reclutadora y persona que lo vivió en primera persona
Todos en algún momento nos hemos visto envueltos en situaciones complejas en el trabajo. Yo viví una finalización de contrato digna de película de terror. Y aunque muchas veces está fuera de nuestro control, siempre seremos los protagonistas de la historia, por lo que hasta cierto punto, es importante mencionar nuestro rol en la situación.
Te lo pongo así: cuando escucho a un candidato que le echa toda la culpa a su jefe, a la empresa o al equipo sin ni una gota de autocrítica, ahí se me prende la alarma. No es que no te crea, es que si hablas así de ellos, ¿cómo vas a hablar de nosotros en un año? ¿No hay una manera más neutra de presentar tu experiencia? Por supuesto que hay casos de casos, y algunos es mejor mantenerlos confinados por el bien de nuestra salud mental, pero incluso estos se pueden manejar con cautela.
Cómo contarlo sin que se convierta en una soga al cuello
La fórmula es más simple de lo que crees, y hasta tiene nombre: se llama A-LAP (Acknowledge, Lesson, Action, Pivot), y es básicamente una metodología familiar a la conocida “STAR“ que se utiliza para responder preguntar en las entrevistas, pero enfocada en salidas laborales difíciles. Va de la siguiente manera:
Reconoce: qué pasó, sin detalles excesivos ni información que nadie te está pidiendo, y evita ponerte en modo víctima.
Lección: qué aprendiste, aunque te incomode admitirlo.
Acción: una acción concreta que tomaste con ese aprendizaje, algo que hiciste distinto después.
Re-dirección: por qué este trabajo, el que estás buscando ahora, es diferente.
Ejercicio para ponerlo en práctica
La teoría puede sonar muy bonita, y todos podemos sentirnos preparados hasta el momento en el que debemos ponerlo en práctica y descubrimos que es mucho más difícil de lo que parece. Es por eso que siempre recomiendo tomarse las entrevistas como una presentación a accionistas de Shark Tank. Usa el método A-LAP para elaborar una potencial respuesta a esa experiencia de la que te cuesta hablar. Prepara un pequeño guión y practica con el espejo o tu teléfono, así te sentirás más seguro la próxima vez que tengas que hablar al respecto.
Con cariño y criterio,
Mayra💚
Reclutadora · Talento Excepcional by Lupa


